Tejados y antenas parabólicas

Rituales como poner la mesa informal de la terraza en verano.
Me gusta cenar en esas sillas de plástico y mesa a juego.
En realidad eran para ir a la playa, pero tuve una silla de estas muchos años en mi habitación y en ella dormía toda la ropa que me quitaba cada día.
Es lo que tienen las casas de junio julio y agosto. Que están como decoradas a medias, o somos nosotros las que las visitamos menos de lo que ellas desearían.
Así que cada verano abríamos las cortinas y hemos visto crecer palmo a palmo a los vecinos de enfrente.
Si los viera por la calle no los reconocería, de lejos no veo muy bien.
Solo al perro, el perro es lo que les identifica a ellos cinco. Es un jorkshyre muy bonito.
Ellos también cenan en la terraza, pero a diferencia de nosotros, lo hacen con la tele encendida. Tal que sus sillas están de espaldas al vecindario y miran hacía dentro como autómatas. Yo digo que la tele es culpable de incomunicación, y por ello -al menos cuando nos juntamos para cenar en verano- no la dejamos ni de ruido de fondo. Preferimos la radio aunque sea con Radio Olé que les gusta a los mayores.
Algunas familias dicen que la tele es precisamente lo que los une (creo que quizás lo único) porque se ponen a hablar de lo que ocurre en la caja tonta y al menos es una excusa para conversar entre ellos aunque sea de cosas insignificantes. Realmente con mi padre- sin tele o con ella- al final siempre es lo mismo: el parte meteorológico. Con mi hermana sin embargo es divertido estar ahí en lo alto, por encima de las palmeras de la avenida. Mi prima decía que la avenida donde vivíamos le recordaba a aquellas películas de los 80 tipo Miami Vice o series donde aparecían chicas estupendas patinando cuando se iba el sol. Nosotras aun jugamos a inventarnos la vida de los demás cuando estamos ahí asomadas. Desde nuestro privilegiado sitio puedes ver el quiosco de helados de la esquina, y bajar corriendo antes de que cierre a por tabaco. Algunas cocinas también están al alcance de nuestra vista, y algunos baños deberían de taparlos, los modelazos que pasan por ahí son dignas de alguna película de Alfredo Landa.
Lo que nunca he logrado ver ha sido la luna, los demás bloques con sus tejados y antenas tapaban esas vistas. Por eso ahora vivo en un ático y echada en la cama puedo ver a mi antojo la luna cuando quiera . Pero a veces echo tanto de menos la terraza desde donde no la veía...
Me gusta cenar en esas sillas de plástico y mesa a juego.
En realidad eran para ir a la playa, pero tuve una silla de estas muchos años en mi habitación y en ella dormía toda la ropa que me quitaba cada día.
Es lo que tienen las casas de junio julio y agosto. Que están como decoradas a medias, o somos nosotros las que las visitamos menos de lo que ellas desearían.
Así que cada verano abríamos las cortinas y hemos visto crecer palmo a palmo a los vecinos de enfrente.
Si los viera por la calle no los reconocería, de lejos no veo muy bien.
Solo al perro, el perro es lo que les identifica a ellos cinco. Es un jorkshyre muy bonito.
Ellos también cenan en la terraza, pero a diferencia de nosotros, lo hacen con la tele encendida. Tal que sus sillas están de espaldas al vecindario y miran hacía dentro como autómatas. Yo digo que la tele es culpable de incomunicación, y por ello -al menos cuando nos juntamos para cenar en verano- no la dejamos ni de ruido de fondo. Preferimos la radio aunque sea con Radio Olé que les gusta a los mayores.
Algunas familias dicen que la tele es precisamente lo que los une (creo que quizás lo único) porque se ponen a hablar de lo que ocurre en la caja tonta y al menos es una excusa para conversar entre ellos aunque sea de cosas insignificantes. Realmente con mi padre- sin tele o con ella- al final siempre es lo mismo: el parte meteorológico. Con mi hermana sin embargo es divertido estar ahí en lo alto, por encima de las palmeras de la avenida. Mi prima decía que la avenida donde vivíamos le recordaba a aquellas películas de los 80 tipo Miami Vice o series donde aparecían chicas estupendas patinando cuando se iba el sol. Nosotras aun jugamos a inventarnos la vida de los demás cuando estamos ahí asomadas. Desde nuestro privilegiado sitio puedes ver el quiosco de helados de la esquina, y bajar corriendo antes de que cierre a por tabaco. Algunas cocinas también están al alcance de nuestra vista, y algunos baños deberían de taparlos, los modelazos que pasan por ahí son dignas de alguna película de Alfredo Landa.
Lo que nunca he logrado ver ha sido la luna, los demás bloques con sus tejados y antenas tapaban esas vistas. Por eso ahora vivo en un ático y echada en la cama puedo ver a mi antojo la luna cuando quiera . Pero a veces echo tanto de menos la terraza desde donde no la veía...


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