Cosquillas en la tripa

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Nombre: circulopolar
Lugar: Spain

viernes, julio 10, 2009

Paella


En el bar había 15 mesas, y tres de ellas estaban ocupadas. La más próxima a la puerta la mujer del frutero, la de la ventana de la izquierda por una pareja, y ya al fondo aquel hombre viudo que intentó rehacer su vida con una mujer 8 años menor que él –no me parece mucha diferencia- pero que no fue aceptada por su familia (la de él). En la barra un hombre de campo, de unos 65 años. Quizás tendría menos, pero ya se sabe que el campo enveceje ( y enoblece ) más. Todos tomaban café. No había visto en ningún cartel que fuera la “hora feliz del café” , pero yo me tome otro.
Pensé que los tres que estaban solos, podrían juntarse en una mesa y estar acompañados. Además los tres tenían cara de necesitar compañía. O quizás fue lo que yo percibí , que lo mismo podrían haber pensado de mi. Pero en aquel momento yo estaba bien, no eche de menos a nadie, fui simplemente a tomar un café porque me quedaban 15 minutos para entrar al trabajo. Cuando la soledad es buscada es bien recibida, todos necesitamos nuestros momentos a solas, que es muy distinto de la soledad a secas. De hecho yo hay cosas que las prefiero hacer a solas, mejor que acompañada. Como ir a hacer la compra semanal, ir a la peluquería, ir a lavar el coche, y a veces mucho mejor ir a las rebajas sola que acompañada, (así no tienes que esperar a nadie a la salida de los probadores XD)
También me gusta tener mis ratos a solas para leer en mi habitación, para hacer cosas con el ordenador, jugar a la ds, o para rebuscar cosas en un baúl de recuerdos.
Pero indudablemente hay cosas que sin querer solo las hacen para las parejas, y que si no tuviera y me diese un día de soledad –de la no deseada – por analizar, seguramente me entraría la depresión.
Las cenas de san Valentín son lo peor para los solitarios que aunque hubiesen tenido pareja no celebrasen ese patético día, el no tener seguro que se lo hace recordar más esos 14 de febrero. Los packs de vacaciones son para dos, los miércoles es el día de la pareja en el cine, te dicen que te “dues” con tu pareja con el móvil y las paellas son como mínimo para dos personas.

Menos mal que no me gusta la paella...

(Ilustración: (C)Stink_Bug)

Cuidades



Al final lo que hace que nos guste más de un sitio, es lo que hemos vivido ahí y la gente que nos ha hecho feliz en ellos.


Por eso si me preguntas hace 2 años si me gustaba el sitio donde vivia, te respondia que no, pero ahora puedo caminar sonriendo por sus calles.


Al final lo importante no fue el lugar, sino las personas .


Puedes sentirte sola en mitad de una habitación llena de gente o puede parecerte bonito un tejado con gatos.



viernes, julio 03, 2009

Tejados y antenas parabólicas


Rituales como poner la mesa informal de la terraza en verano.
Me gusta cenar en esas sillas de plástico y mesa a juego.
En realidad eran para ir a la playa, pero tuve una silla de estas muchos años en mi habitación y en ella dormía toda la ropa que me quitaba cada día.
Es lo que tienen las casas de junio julio y agosto. Que están como decoradas a medias, o somos nosotros las que las visitamos menos de lo que ellas desearían.
Así que cada verano abríamos las cortinas y hemos visto crecer palmo a palmo a los vecinos de enfrente.
Si los viera por la calle no los reconocería, de lejos no veo muy bien.
Solo al perro, el perro es lo que les identifica a ellos cinco. Es un jorkshyre muy bonito.
Ellos también cenan en la terraza, pero a diferencia de nosotros, lo hacen con la tele encendida. Tal que sus sillas están de espaldas al vecindario y miran hacía dentro como autómatas. Yo digo que la tele es culpable de incomunicación, y por ello -al menos cuando nos juntamos para cenar en verano- no la dejamos ni de ruido de fondo. Preferimos la radio aunque sea con Radio Olé que les gusta a los mayores.
Algunas familias dicen que la tele es precisamente lo que los une (creo que quizás lo único) porque se ponen a hablar de lo que ocurre en la caja tonta y al menos es una excusa para conversar entre ellos aunque sea de cosas insignificantes. Realmente con mi padre- sin tele o con ella- al final siempre es lo mismo: el parte meteorológico. Con mi hermana sin embargo es divertido estar ahí en lo alto, por encima de las palmeras de la avenida. Mi prima decía que la avenida donde vivíamos le recordaba a aquellas películas de los 80 tipo Miami Vice o series donde aparecían chicas estupendas patinando cuando se iba el sol. Nosotras aun jugamos a inventarnos la vida de los demás cuando estamos ahí asomadas. Desde nuestro privilegiado sitio puedes ver el quiosco de helados de la esquina, y bajar corriendo antes de que cierre a por tabaco. Algunas cocinas también están al alcance de nuestra vista, y algunos baños deberían de taparlos, los modelazos que pasan por ahí son dignas de alguna película de Alfredo Landa.
Lo que nunca he logrado ver ha sido la luna, los demás bloques con sus tejados y antenas tapaban esas vistas. Por eso ahora vivo en un ático y echada en la cama puedo ver a mi antojo la luna cuando quiera . Pero a veces echo tanto de menos la terraza desde donde no la veía...

Maybe Not


Desde que no tengo terraza , la echo más de menos. Somos inconformistas por naturaleza, y demasiado conformistas en otros aspectos cuando se trata de sobrevivir. No luchamos en ir más allá si tenemos un sillón cómodo , rutinario, pero cómodo.

A veces lo más fácil es salir huyendo, aunque realmente lo verdaderamente dificil es permanecer en el mismo sitio a la misma hora.

Día tras día El Principito pudo llegar a ver hasta 43 puestas de sol.
Yo vi unas pocas tan solo, pero me bastaron para elegirte.


”There's a dream that I see, I pray it can beLook cross the land, shake this landA wish or a commandA Dream that I see, don't kill it, it's freeYou're just a man, you get what you canWe all do what we canSo we can do just one more thingWe can all be freeMaybe not in wordsMaybe not with a lookBut with your mind... “


Maybe Not ( Cat Power)

jueves, julio 02, 2009

Trigo en un trigal


Tengo tantas ganas de volver, que ya huelo las nubes, noto la brisa acariciar mi cara asomada por la ventana del coche. (Dios mio! q cursi..) Creo que los anuncios de bmw me inspiran para soñar -o recordar mis viajes en el tiempo imaginarios- y los que realmente vendrán. Quizás Sigur Ros también sea una buena banda sonora para trasladarte en el espacio. Creo tocar ya la puerta de madera, abrirla, y que los ratones se escondan en sus esquinas. Volvemos a invadir la casa del pueblo, la de la abuela, la de nuestra infancia. Doy gracias a que casi todo sigue en su sitio. Hasta el espejo donde me peinaba mis rizos sigue a la misma altura, justo a mi edad de 13 años. Es curioso ver como has crecido. También por dentro. Las primeras arrugas de alrededor de los ojos delata, y la de la comisura de los labios cuando sonríes igualmente, (pero estas me parecen la mar de sexys)
La encina donde me llevaba abuela la merienda sigue también, aunque ahora no la veo tan inmensa, las perspectivas ahora son reales, tanto que a veces según en que cosas da un poco de miedo.
Me volveré a sentar en las rocas, y recorreré las praderas haciendo fotos para atrapar cada momento y no dejarlo escapar. Agosto que poco queda para tocar tus espigas...
(Ilustración: Raquel Aparicio)

jueves, junio 25, 2009

Las apariencias no engañan




Ellas iban tres con sus pequeños libretos, y como con una especie de carpetas.
Mujeres de entorno a unos 50 años. Estatura 1.58, y más bien de contorno rellenito, o al menos no delgadas.
Se las ve venir. Tu las ves, y lo sabes, son testigos de Jehová
Yo creo que ellas tres se metieron ahí más bien por juntarse las tres marujas y tener una excusa para poder salir de casa a diario, que por lo que realmente significa estar ahí.
Pero eso solo lo creo yo.
Lo comparo a la gente que se casa por la iglesia y luego no van en su vida. Pues ellas igual, porque ¿En serio logran captar a gente por la calle diciéndoles las lecturas de San Mateo?

La del medio eran sin duda la líder. La de las gafas de sol y que caminaba tan solo un paso más por delante suya, pero que denotaba más seguridad que las otras dos.
Mi curiosidad hace que me pregunte cuestiones tontas como ¿de que hablaran entre ellas? ¿De las transfusiones de no sangre? ¿O podrán poner verde a sus maridos como la mayoría de las mujeres casadas de su edad?

Llegó el paso de cebra, y el coche se detuvo al ver que ellas estaban a punto de cruzar. La del lado izquierdo levanto la mano en forma de agradecimiento y dijo algo que yo por la distancia a la que me encontraba no pude escuchar. ¿Pero le habría dicho “Gracias que Dios te lo pague”, o “Gracias que Jehová que te lo pague?” XD

viernes, junio 19, 2009

Callejeros


El otro día vi a un perro que parecía una persona. Y si fuera persona llevaría un traje chaqueta color tierra, con camisa blanca y corbata a juego. Con prisas, pero con elegancia al escabullirse entre la muchedumbre. Estos hombres seguros de si mismos que se nota en su apretón de manos, y sus ojos no se apartan de los tuyos.

En la misma calle vi a un hombre que parecía un perro, de estos vagabundos que un día abandonaron, o quizás crecía desde el día cero en ella. En el barrio pide dinero a los que aparcan en su zona.
Detrás del ambulatorio se pone sus picos y sus ojos miran al cielo.

Enfrente hay un bar de camioneros y de hombres mediodescamisados con aspecto desaliñado y con aliento a carajillo. Había llegado la policía y todos miraban expectantes. Miraban como los viejos que miran las obras crecer, y no tienen nada más que hacer que llegarse donde están ellos con sus cascos amarillos de trabajo y mirar como levantan los muros de una casa que nunca será suya.

La policía no se llevaba a nadie detenido, daba finalmente unas palmadas sobre el más ebrio de los presentes. Las sirenas habían dejado de sonar, pero la luz azul y roja giraba alrededor del barrio. Al menos luego tendrán de que hablar, porque nunca tienen nada emocionante que contarse.

Las del taller de lavado de coches no tenían ningún cliente esta mañana, pero las dos estaban sentadas dentro, como si pertenecieran a algún jeque árabe y no pudieran salir a la calle a cotillear. Sin velo y sin religiones, pero con las mismas permisas que aquellas mujeres del desierto. Ellas son las que limpian y ellos los hombres que están en al bar.

Después cruzó un perro y creo que pidió un café con leche.