¿Quien dijo crisis?
Este año ha habido menos divorcios.
La crisis los ha unido (porque a día de hoy echando números no les conviene - más que nada-) Que paradoja.
Entré en la cafetería que desde fuera no se como vi, pero me parecía ocupada por al menos 3 mesas. Mi sorpresa fue que tan solo había una pareja y la tercera persona en discordia era la camarera (Por llamarla de alguna manera. Mujer que sobrepasaba los 50 posiblemente la madre de la antigua camarera que yo recordaba ahí).
Hacía tiempo que no iba a ese bar, que en un tiempo no muy lejano había estado lleno del ruido del tragaperras, el tintineo de las cucharas contra las tazas del café, el ir y venir de la gente, y hasta tardaban en cobrarte la cuenta.
En la esquina había existido una montonera de periódicos, y en el aire se respiraba desafortunadamente para mi, el cigarro permitido en los locales de menos de 100 metros.
Pero esa mañana parecía las 9:40 de un día de resaca, quizás un domingo de frío, o unas 12 y medía del día después de nochevieja.
El sol entraba por la ventana, y el camión de Bimbo le recogió los donuts que no vendió el día anterior.
-Un café con leche y un pitufo catalana.
Podía escuchar la conversación de la pareja acaramelada.
Me sorprendió la actitud de ellos dos rozando los 40 y tantos largos. Divorciados, pensé. O quizás amates.
Es imposible que a estas horas de la mañana un matrimonio con más de 20 años de relación tenga ganas de sexo, o caricias, o susurros al odio.
Creo que pude deducir unos besos por su cuello, ella parecía un poco más impasible, pero con ganas de chalet en la sierra. Al salir iban agarrados de la cintura y fue entonces cuando pensé que el amor no tiene porque terminarse pero si se transforma. Y ahí es cuando puedes pensar, o en efectivo pasar por momentos de crisis como aquel bar que fue antaño acogimiento de multitudes y ahora no pone el cartel de cerrado porque es un negocio familiar.
Creo que ella puso la tele por la evidencia del sonido del silencio en la estancia. Creo que nunca había estado en un bar con nadie más que yo misma y mi desayuno delante. Las noticias invadieron el pequeño recinto. Por la calle se ven los carteles de Se alquila, y se Vende. Cosa curiosa que llamó mi atención cuando fui hace un par de años de viaje a Portugal y se lo escuchaba a los compañeros argentinos.
Ahora la crisis ha llegado aquí y a nuestro matrimonio de conveniencia con perro incluido.
-Yo tampoco pongo el cartel, soy demasiado cobarde dijo él.
La crisis los ha unido (porque a día de hoy echando números no les conviene - más que nada-) Que paradoja.
Entré en la cafetería que desde fuera no se como vi, pero me parecía ocupada por al menos 3 mesas. Mi sorpresa fue que tan solo había una pareja y la tercera persona en discordia era la camarera (Por llamarla de alguna manera. Mujer que sobrepasaba los 50 posiblemente la madre de la antigua camarera que yo recordaba ahí).
Hacía tiempo que no iba a ese bar, que en un tiempo no muy lejano había estado lleno del ruido del tragaperras, el tintineo de las cucharas contra las tazas del café, el ir y venir de la gente, y hasta tardaban en cobrarte la cuenta.
En la esquina había existido una montonera de periódicos, y en el aire se respiraba desafortunadamente para mi, el cigarro permitido en los locales de menos de 100 metros.
Pero esa mañana parecía las 9:40 de un día de resaca, quizás un domingo de frío, o unas 12 y medía del día después de nochevieja.
El sol entraba por la ventana, y el camión de Bimbo le recogió los donuts que no vendió el día anterior.
-Un café con leche y un pitufo catalana.
Podía escuchar la conversación de la pareja acaramelada.
Me sorprendió la actitud de ellos dos rozando los 40 y tantos largos. Divorciados, pensé. O quizás amates.
Es imposible que a estas horas de la mañana un matrimonio con más de 20 años de relación tenga ganas de sexo, o caricias, o susurros al odio.
Creo que pude deducir unos besos por su cuello, ella parecía un poco más impasible, pero con ganas de chalet en la sierra. Al salir iban agarrados de la cintura y fue entonces cuando pensé que el amor no tiene porque terminarse pero si se transforma. Y ahí es cuando puedes pensar, o en efectivo pasar por momentos de crisis como aquel bar que fue antaño acogimiento de multitudes y ahora no pone el cartel de cerrado porque es un negocio familiar.
Creo que ella puso la tele por la evidencia del sonido del silencio en la estancia. Creo que nunca había estado en un bar con nadie más que yo misma y mi desayuno delante. Las noticias invadieron el pequeño recinto. Por la calle se ven los carteles de Se alquila, y se Vende. Cosa curiosa que llamó mi atención cuando fui hace un par de años de viaje a Portugal y se lo escuchaba a los compañeros argentinos.
Ahora la crisis ha llegado aquí y a nuestro matrimonio de conveniencia con perro incluido.
-Yo tampoco pongo el cartel, soy demasiado cobarde dijo él.


