Cosquillas en la tripa

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Nombre: circulopolar
Lugar: Spain

jueves, junio 25, 2009

Las apariencias no engañan




Ellas iban tres con sus pequeños libretos, y como con una especie de carpetas.
Mujeres de entorno a unos 50 años. Estatura 1.58, y más bien de contorno rellenito, o al menos no delgadas.
Se las ve venir. Tu las ves, y lo sabes, son testigos de Jehová
Yo creo que ellas tres se metieron ahí más bien por juntarse las tres marujas y tener una excusa para poder salir de casa a diario, que por lo que realmente significa estar ahí.
Pero eso solo lo creo yo.
Lo comparo a la gente que se casa por la iglesia y luego no van en su vida. Pues ellas igual, porque ¿En serio logran captar a gente por la calle diciéndoles las lecturas de San Mateo?

La del medio eran sin duda la líder. La de las gafas de sol y que caminaba tan solo un paso más por delante suya, pero que denotaba más seguridad que las otras dos.
Mi curiosidad hace que me pregunte cuestiones tontas como ¿de que hablaran entre ellas? ¿De las transfusiones de no sangre? ¿O podrán poner verde a sus maridos como la mayoría de las mujeres casadas de su edad?

Llegó el paso de cebra, y el coche se detuvo al ver que ellas estaban a punto de cruzar. La del lado izquierdo levanto la mano en forma de agradecimiento y dijo algo que yo por la distancia a la que me encontraba no pude escuchar. ¿Pero le habría dicho “Gracias que Dios te lo pague”, o “Gracias que Jehová que te lo pague?” XD

viernes, junio 19, 2009

Callejeros


El otro día vi a un perro que parecía una persona. Y si fuera persona llevaría un traje chaqueta color tierra, con camisa blanca y corbata a juego. Con prisas, pero con elegancia al escabullirse entre la muchedumbre. Estos hombres seguros de si mismos que se nota en su apretón de manos, y sus ojos no se apartan de los tuyos.

En la misma calle vi a un hombre que parecía un perro, de estos vagabundos que un día abandonaron, o quizás crecía desde el día cero en ella. En el barrio pide dinero a los que aparcan en su zona.
Detrás del ambulatorio se pone sus picos y sus ojos miran al cielo.

Enfrente hay un bar de camioneros y de hombres mediodescamisados con aspecto desaliñado y con aliento a carajillo. Había llegado la policía y todos miraban expectantes. Miraban como los viejos que miran las obras crecer, y no tienen nada más que hacer que llegarse donde están ellos con sus cascos amarillos de trabajo y mirar como levantan los muros de una casa que nunca será suya.

La policía no se llevaba a nadie detenido, daba finalmente unas palmadas sobre el más ebrio de los presentes. Las sirenas habían dejado de sonar, pero la luz azul y roja giraba alrededor del barrio. Al menos luego tendrán de que hablar, porque nunca tienen nada emocionante que contarse.

Las del taller de lavado de coches no tenían ningún cliente esta mañana, pero las dos estaban sentadas dentro, como si pertenecieran a algún jeque árabe y no pudieran salir a la calle a cotillear. Sin velo y sin religiones, pero con las mismas permisas que aquellas mujeres del desierto. Ellas son las que limpian y ellos los hombres que están en al bar.

Después cruzó un perro y creo que pidió un café con leche.

martes, junio 02, 2009

Cerrar etapas


"Siempre hay que saber cuando una etapa llega a su fin.

Cerrando ciclos, cerrando puertas, terminando capitulos.

No importa el nombre que le demos, lo que importa es dejar el pasado

los momentos de la vida que ya se han acabado.

Poco a poco empecé a entender que no podía volver atrás y a hacer las cosas volvieran a ser como antes."


P.C